LA QUENA

Es una flauta conocida y usada a lo largo de Sudamérica. Su orígen (al menos en las regiones andinas) se remonta a tiempos ancestrales, pero podemos encontrar instrumentos muy similares a éste en muchos lugares del mundo: Tal es el caso de la shacujachi japonesa, con una boquilla semejante, en afinación pentatónica. En China también ví un instrumento muy parecido que igualmente es diatónico como la quena. Aparte de esto, muchas veces oí mencionar una denominada „flauta de borde” (aunque nunca la haya visto) que fue usada en la música folklórica húngara.

La forma y las dimensiones de la boquilla de la quena tienen gran importancia en la intensidad y el timbre del sonido, así como en la afinación buena de las octavas. La boquilla se forma de diferentes maneras según regiones o gustos personales: hay formas en U, V o angulares, de diferentes proporciones y transiciones de una forma a otra. La boquilla angular es idéntica a la que tiene el flautillo. Sin embargo, la mayor diferencia entre el flautillo y la quena es lo siguiente: el extremo superior del flautillo está cerrado por un tapón y un estrecho canal conduce el aire soplado hacia el interior de la boquilla, o sea, la forma y dimensión de la corriente de aire es constante. Así, los diferentes tonos pueden ser relizados unicamente por la modificación de la intensidad de soplo y en un tono determinado. En el caso de la quena, tapamos su extremo superior completamente abierto, apoyándola contra el mentón y el labio inferior. Los labios controlan el grosor, la forma y dirección de la corriente de aire, pues hay que aprender a soplar el instrumento al igual que la flauta travesera, conocida por todos. Así, por las múltiples posibilidades del soplo, la quena puede tener como resultado una rica variedad de timbre e intensidad del sonido. Con el saber apropiado se puede tocar muy fuerte hasta los tonos más bajos, o suavemente los más altos. Su división de orificios es idéntica a las más sencillas flautas naturales (sin teclados) o flautillos, ambos afinados a escala diatónica. Es decir, seis orificios arriba y uno, el séptimo abajo para el dedo pulgar por la ayuda del cual la tercera octava se amplia. En un buen instrumento se puede sacar hasta tres octavas completas, a veces unas notas más. Una peculiaridad visible de la quena es que la medida de sus orificios es a menudo bien grande, hasta el límite de poder taparlos con los nudillos superiores (que no son los pulpejos), lo que tiene dos motivos importantes: 1. Orificio grande = intensidad grande del tono, 2. La notas que están fuera de la escala diatónica se saca tapando medio orificio, lo que en realidad significa al menos tres cuartos del orificio tapado, y un cuarto abierto. Con una apropiada técnica de labios, así se produce tonos coloridos e intensos hasta en la primera octava también. De esta manera si alguien produce un semitono falso, podrá reprocharlo únicanente a sí mismo, y no al instrumento. 🙂

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Sándor Szabó

Un día, en el período corto de mis estudios de guitarra clásica, conocí a Péter Szendrői, quien me hizo conocer la quena, de la que enseguida me enamoré. Pronto tuve la suerte de tocar en el grupo formado por él y así comenzó un período de más de diez años en mi vida en el campo de la música latinoamericana (de músico de ocupación principal). Tocaba en múltiples formaciones junto a músicos sudamericanos de diferentes nacionalidades y ya desde el principio me dedicaba a fabricar mis instrumentos (a veces de los otros también), en aquel tiempo de caña. Luego, llegó un nuevo período, otros diez años de estudios de trompeta (poco clásico, poco más jazz), y tocaba en grupos.
Pero pasando el tiempo, mis pensamientos siempre más y más se iban hacia la quena, y al haber hecho un instrumento grande, de afinación C, empecé a practicar de nuevo. Desde ese tiempo dos ideas estaban formándose en mi mente: Por un lado, mi objetivo fue de hacer quenas cada vez más perfectas, conservando sin embargo la simplicidad del instrumento (si bien propiamente por eso me gusta). Por otro lado, empecé a practicar la quena con la misma exigencia con la que se practica los instrumentos clásicos, es decir en todas las tonalidades, cromáticamente, con dinámica, etc.
Al principio no sabía, pero hoy ya sé con certeza que aunque no sea fácil realizar esto, tampoco es imposible. Claro que se me podría preguntar ¿qué sentido tiene esto? ¿ Por qué no he elegido la flauta moderna Böhm por ejemplo, con la que sería fácil resolver cualquiera tarea musical? La práctica creativa de la quena para mí es igual que practicar algún tipo de arte marcial, o más la yoga, en este mundo tecnócrata. En el transcurso de largos años, he adquirido mucha experiencia de la manera más eficaz por la cual se aprende la técnica apropiada. Al que esté interesado en este instrumento lindo y noble en su sencillez, le entregaría este conocimiento con mucho gusto.
En el pasado reciente mi amigo Árpád Horváth y yo hemos podido crear las condiciones necesarias para la fabricación de instrumentos. Gracias a esta colaboración, aquí les presentamos algunas fotos de las primeras, y de las sucesivas quenas y flautas.

Árpád Horváth

Mi primer encuentro con la música andina pasó en 1989 cuando encontré músicos callejeros sudamericanos en un paso subterráneo del metro. La intimidad de las canciones me fascinó tanto que decidí dedicarme a este estilo de música.
Coleccionaba las grabaciones de diferentes grupos y las escuchaba cada día durante horas. Mientras tanto mi padre fabricaba mis primeras quenas de madera y luego, con el pasar del tiempo, pude adquirir instrumentos originales, de caña también.
Ya en la primera mitad de los años ’90 tocaba junto a músicos latinoamericanos. Más tarde, en 1996 entré al grupo Los Andinos de Székesfehérvár. Al fin del mismo año decidimos emprender un viaje por América Latina y visitamos tres países andinos: Ecuador, Perú y Bolivia, para coleccionar música. Como nuestro viaje era una gira, en cada lugar nosotros también tocamos una pequeña muestra de música húngara folklórica, con instrumentación húngara y andina, mitad y mitad. Poco después se formó otro grupo bajo el nombre de Kákics, dedicándo a la música folklórica húngara. Esto me inspiró a estudiar el auténtico violín húngaro de András Jánosi.
Las experiencias adquiridas en el viaje por América Latina me despertaron el interés en la música folklórica de otros países del continente también. Iba conociendo más y más estilos y músicos.
Desde 1998 llevaba 12 años trabajando temporalmente para una empresa de vigilancia de vehículos por satéliti . Naturalmente no dejé de tocar la música, incluso en ese tiempo me dediqué a practicar los instrumentos de cuerda latinoamericanos. Desde 2005 soy participante en el grupo Gyöngyhalász (pescador de perlas), quienes tocan música latina, y en 2011 entré en el grupo Los Gringos de música andina. Ya que durante mis actividades musicales utilizo la quena a menudo, me he vuelto más exigente con la calidad de los instrumentos.
Llevamos mucho tiempo con mi amigo Sándor Szabó, nuestras carreras musicales corrían paralelamente por un buen tiempo. Hace poco, por decisión conjunta, nos empezamos a fabricar instrumentos de música.

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CONTACTO

Sándor Szabó

+36 (30) 312 4122
ludurfi@gmail.com

Árpád Horváth

+36 (30) 415 4517
chullpara@gmail.com

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